martes, 3 de diciembre de 2013



El pobre Hassprin, cada vez más insatisfecho, decide poner sobre el papel, bueno plasmar con el teclado, como a él le gusta decir, unos versos que le permitan exprimir su infinita hiel y su fiel bilis (que no tanto mala baba).

Pide perdón por sus fallos (aunque ha pasado varias veces el corrector ortográfico) y recuerda que se considera un escritor de sentimientos y emociones pero que al no haber podido aprobar la EGB, es completamente autodidacto, como lo fue aquel famoso pastor de cabras, sí aquel poeta de tu pueblo y el mío ...

Aquí la última deposición de su numen y su cacumen: Y su fatua chulería.



Cuando dejas de amar
Sólo queda destruir
Como caer en una habitación oscura
Donde se oyen los golpes de un batir de palmas
Y cosas que chocan contra el suelo
Y sonidos entrecortados y lánguidos de un niño solo
Jugando o perdido en el tiempo ajeno.

La lluvia suena a piedras descolgadas del cielo;
Parece que bailan en su estallido sonoro
Corto, seco y resbaladizo
Como la piel que se desprende agotada.

Hablar es un sonido inerte,
Un grito que no oye en un horizonte innombrable;
La luz refulge sin ser más que un espectro,
Las botellas de cristal caen sin hacer ruido
Como un eco sordo que retumba en el olvido ido.

La cumbre es el abismo,
Una sombra inseparable que te increpa,
La gran marabunta humana que se redime,
Oscura y exaltada, en el olvido.

Todo eco es válido;
Plenamente válido y lleno de espanto.



Bonito, ¿no?

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